En un crazy cabaret

Armada con una cámara de fotos, me acerqué al escenario. Ella posó. Hizo mención a una caperucita letal, a una sombra de hard candy, con capucha y color en las mejillas. Después, sonrió, mucho. También dudó. La muñeca, bella y subversiva, bajó del escenario. Pellizcó mis mejillas con cariño, como lo haría alguien que hace mucho que no te ve. Le prometí las fotos por e-mail. La que nos hicieron juntas ha salido movida.

Aorta

Para que me desangre mejor. He recibido una aorta de la Capitana, mi capitana, por correo. Estos días en los que amanezco reblandecida, grito hacia dentro por sentirme tan frágil, tan débil, tan boba. El "para" se me queda corto. No me llena, no me llega; como un calcetín de niña y una bota de adulta. No me convencen. Será una cuestión de estética. Delirio no es de litio, por eso se siente culpable. La Capitana lo sabe. Tiene el corazón muy rojo, casi negro. Ella es puro Deseo, con su traje de chaqueta y su no sujetador. Sístole y diástole. Tierna y esdrújula. Una nube de algodón con los ojos subrayados, la sonrisa tatuada y los tacones en el bolso. Teñidas las mejillas. Las tildes mal puestas. Abierta en canal.

Lady Vengeance

La señorita Vengeance me la tiene jurada por culpa de un malentendido, pero me sigue saludando y me llama para ver si estoy bien. Y, aunque no lo esté, le diré que sí, que la salud, contra todo pronóstico, resulta ser performativa y que una llamada, aún habiéndose perdido, vale mucho.

Loca de atar

Me voy a volver loca, loca de atar. Esto más que un cuento, un relato, una vomitona es una invocación. Nos cruzamos, pero no nos vemos. Eres lo que quiero. Lo quiero. Te quiero. Leo que estuviste, en el mismo sitio, durante la misma tarde. En la Filmoteca. En el Palacio Real. Pero no nos chocamos, joder. No nos atravesamos con violencia. Cuando ocurra - si ocurre - yo titubearé al creer que hablo contigo, pero solo estarás siendo cordial. Me dirás algo bonito e insustancial y yo pensaré en las fotos. En tu carne. En tus ojos tristes. En tu cuerpo sumergido. En tus palabras. Y en todo eso que dejas desperdigado para que los demás recojan y guarden.

Interzona(s)

Almorzando desnuda,
cenando vestida de verde
- primaVera(l)-
en Entremundos.

La Interzona es
un Reinohueco,
pero masculino.

A Cronenberg
se le ha olvidado
a qué sabe la sangre
en el desayuno.

Conversa(n)ción

La realidad sufre de in-ter-mi-ten-cias,
se suspende,
y precipita,
en la virtualidad,
pero sin pre(o)posiciones,
tirar de la(s) lengua(s)
duele.

Sufro un mal biblioprecario.
Se me pierden las vocales,
no todas,
solo a veces.

Y si me preguntas cuándo y cuál(es),
te diré que por ahora
solo busco consonantes
que me expliquen,
que me envíen
pelirrojas,
que pululen y tiriten,
que cojan los dos
pun-tos
y se los pongan
de sombrero.

Pero me dicen que no pueden,
que no deben.
Que si quiero el complemento
tendré que abrirme entera
y sostenerme,
sostenerte,
sin metáforas,
desnuda,
transparente,
ubicada y anudada,
por los tobillos,
atadita,
vinculada
(sin permiso)
a tu espacio
y a tu tiempo.

Sin cortes publicitarios

No soy imagen, pero sí reflejo.
Verdad.
Carne.

EGOmaníaca.

A través del agujero de gusano.
CienciaFICCI(ÓN)

Apretando con las uñas el botón
[triste,
húmedo,
arrugado]

Confundí la temperatura de los parques con la velocidad de los jardines,
dijo la Voz en off
(enough?)

Virtualidad(es)

Texto y texturas. Relieves y consonantes. Consoladores. Doloridos y sobrealimentados. Te consumo, sin aumentativos. Cruda. O a medio hacer.

Boca(les)

Y (con)sonatas, de verano. Este cielo duele. Me largo. Lelele-jos.

Odio

Si lo lees al revés lo entiendes todo. Darle la vuelta a las niñas que se creen gigantes es un juego tentador. Te puedes topar con una nube de complejos y una vomitona de excusas. Dame un lagrimón por cada año regalado a un soberano gilipollas. Piden a gritos que las estrelles contra el asfalto. A que no hay huevos.

Mujeres que dicen ah, pero sin exclamar; susurrando...

... solo porque les gusta engañar. Va en la programación.

El espíritu de la escalera

... Izquierda: Escalón. Derecha: Dos escalones. Izquierda: Dos Escalones. Derecha: Rellano. Izquierda y derecha. Impulso. Izquierda: Tres escalones. Respiro. Derecha: Escalón...

Cicatrices literarias

La infección de ayer es la cicatriz de mañana. Sólida y tirante. Aislada, como una cita extraída con precisión de cirujano [o de cirujana].

Juegos de niñas

Las niñas de entre treinta e infinito juegan a quemarse las pestañas tecleando delante del ordenador. Antes emulaban a Ángela Channing, a las presentadoras del 1, 2, 3 o cantaban rancheras en la intimidad de sus tiernas cabecitas. Recuerdan como si fuera ayer las notas que sacaron en cuarto de E.G.B. y guardan bajo la cama aquella redacción que hablaba del futuro inminente, ahora presente contínuo.

[Hacer de secretaria de Darth Vader cuando el cuerpo te pide empuñar un sable láser, a lo "yedai", es excusa suficiente para querer que en la ecuación la equis marque el lugar]

Pero yo jugaba a las chapas y a las canicas. Me peleaba con el Tetris y coleccionaba tazos y ponys; cromos de Parque Jurásico; cómics de X-Men. También comía regalices mientras intentaba comprender por qué las botas de Julia Roberts se sostenían con imperdibles. No se lo digáis a nadie, pero creo que maté a Richard Gere en la primera cita. Sin querer, pero queriendo.

Un duende de botas rojas

La casualidad y sus ojos marrones subrayados. Con acento de la Galia. Bebemos té. Le gusta callejear esta ciudad. Me pregunta por el cementerio más cercano. Prometo mostrarle azoteas, portales y máquinas de escribir. Con Depeche Mode de fondo, el duende de botas rojas sorbe de su taza y sonríe. Se corta el flequillo para ser distinta, pero dice que aquí se lo dejará crecer; como sus ilusiones puestas en el paisaje, con un carnet de biblioteca en el bolsillo y una lámpara de diseño de 10 euros iluminando la pared.

Es(cena)

Si pusieras la mesa en frente de la cámara 1. Plano fijo. Dolor en el pecho. Si la cámara 2 se fijara en los restos de comida de la comisura de mis labios. Zoom. Muuuuy leeeeeeeeeento. Si me dieras un guión, escrito en papel pautado y cosido con hilo dental. Interior. Noche. Entonces cogería el plato de espárragos y lo estrellaría contra la puerta. Saldría de mi boca un "Don´t interrupt me, honey!" que me devolvería al mundo real, y te pasaría la sal. Sin rechistar.

Momento que rescato de un rincón oscuro de la memoria

Me gusta cómo anda. Se agacha y enseña esa curva tan bella, tan sexy. No me canso de mirar, de buscar en sus pestañas algún rastro de aquella triste niña que decía "no sé qué clase de chica soy".

Remiendos

Ellos se enfrentan con piedra, papel y tijera; nosotras escogemos dedal, aguja e hilo. Para sostener, para conservar (¿conversar?). Para remendar recuerdos y zurcir huecos inexplicablemente eternos.

Ankh

Supongo que ella no se acuerda, pero yo sí.