Alone

Acércame esos labios, más.
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Aunque no pueda llevarte a casa, voy a quedarme con tu alma.

Black celebration

And I feel your warmth
And it feels like home


No hay necesidad de palabras. 

Cuando el cuerpo se convierte en signo,
solo la respiración y la carne [cruda] importan.

In utero

 Escribir es como llorar.

Qué nudos, qué sangre. Todo baja y tiñe el papel, el mar, las sábanas. De negro.

Eva

Ángeles caídos dejándose las intenciones al estallar contra el suelo. Bendito suelo. Ablandando la realidad a bofetadas. Qué pecado original, querida. Qué norma entre las piernas para poder tragar tranquila todas esas manzanas. Caducadas. Bulímica y borracha, de realidad. Vender el simulacro de una vida en el Paraíso por toda esa sangre que te corre trauma abajo. Severa-mente. Sin piedad.

Slow motion suicide

Mujer es un eufemismo, una construcción. Un sueño hecho realidad. ¿De quién?

ELLA

No sé si te corres o finges; si sangras sobre mis piernas o lloras sobre mi hombro.

Interior. Noche.

Miro por la ventana. Soy la única. La única despierta. A las tres de la mañana. Nuevo y bravo mundo en constante descomposición, qué tienes que ofrecerme. Dime. No te lo imploro, te lo exigo. QUÉ TIENES QUE MEREZCA LA PENA. Conjugar todos los verbos terminados en -IR y conformarse con contarlo. JA. Conjurar el mañana como si esta noche no acabara. Jamás. Las aguas se estancan en este corredor sin puertas ni ventanas. Es la noche, dices, que te atrapa. Pero no entiendes que es ahora, y no luego, que me encuentro en la pantalla. Que puedo enfrentarme a toda esta oscuridad y tragarme mis demonios sin apenas masticar. Que acaricio cada deuda para morir, un poco, solo un poco, apoyada en el borde de esta noche fría del alma, donde todo podría cambiar si tuviera fuerzas; donde todo podría ser diferente si YO fuera ELLA.

Hoy

No sueñes. Mata.

Satie

La jupiteriana melancólica. Las notas derramadas. Un mensaje más cordial de lo que debería. Y la gnosis, haciendo de las suyas.

Digestión

Para concretar esto que tengo en el estómago necesito un poema que convierta la angustia en carne, el vacío en arte; la ausencia en un guión a cuatro manos que apenas cueste digerir.

Antes de que el mundo acabe (orgías apocalípticas II)

Querer follarse a todas y a todos es síntoma de que el mundo no acaba; al menos, no este mundo.

I´m not the killing type

He pensado en matarte para hacerte sentir este insoportable blanco nuclear. Intenso. Radiactivo. Sobre la piel. Rellenarte de brillo penetrante y golpear así en lo más hondo de tus rutinas.
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He pensado en empujarte y dejar que la gravedad haga el resto. Ahogarte en crudo. Dedicarte tiempo: mi puño en tu pecho; tu sangre en mis manos. Y sentirte. Hasta el hueso. Por primera vez.
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No es miedo a que me dejes. No. Es pánico a que esto dure para siempre.

La chica del cogote estrecho

La chica del cogote estrecho es también la chica del metro. Coincidimos en el vagón último. Solo aquellas mañanas en las que llego tarde a trabajar. Desde la vuelta de las vacaciones esas mañanas son todas las mañanas. La chica del cogote estrecho tiene el pelo corto y huele a cielo. A veces tiene el pelo mojado. Hoy no. Hoy huele a jabón cremoso. Sin perfume. Ella no sonríe. No se maquilla. No importa. Camina decidida. Se salta algún escalón al salir. O eso he imaginado. Yo lo hago, saltarme escalones. Quiero seguirla, pero llego tarde. Una estación. Solo compartimos eso, una estación. De Noviciado a San Bernardo. Ella llega de la línea azul marino. Todos los dias. A eso de las nueve menos cinco. Nueve y cinco. Con su chaqueta de chico, su corte de pelo de chico, sus zapatos de "podría caminar vidas". Cómodos. Feos. Prestados. Lee ficción. Nada de ensayo. Ficción. En las manos. Hoy ha llegado al andén tranquila. Yo he llegado tarde. Había excusa (había huelga). Me ha mirado. Ha entrado al vagón último del tren de las nueve y cinco, y ha reparado en mi camisa roja. Ella también llevaba rojo, por primera vez. En los labios. Había quedado. Seguro. Tenía una cita. ¿De las otras? De trabajo. No se ha bajado. Ha seguido. En la línea 2. Leyendo ficción. Con los labios pintados. De rojo. Los cordones bien atados. Doble nudo. Se han cerrado las puertas y no lo ha hecho. No se ha bajado. Pero me ha visto. Os lo juro. Me ha visto. De Noviciado a San Bernardo.

La chica de los jueves

Conjurar
la realidad
para que los siete días
de la semana
siempre sean
jupiterianos.

Mañana

Nosotros y nosotras. Frente al abismo. Sobre el volcán. 

Mi chica

Algo se me rompe, a cachitos, se me rompe. ¿Por qué? No sé, pero se me hace pedazos algo, muy dentro, cuando la miro. Y recuerdo. La miro y me rompo, joder, me rompo; porque, cuando la miro, siento. Frío. Siento. Verdad. Siento que el mundo queda suspendido. Como cuando te pillan copiando en un examen. De matemáticas. Y el resultado se empaña. Se pierde. El resultado no importa. Solo vale lo que se rompe. A cachitos. Lo que se pierde. En mil pedazos. Lo que sabes que no puedes, no lo pidas, no debes. Recuperar. 

Verano en Marte

Perdidos en aquel planeta rojo. Te acuerdas. En la carretera donde nos conocimos confluyeron dos realidades: Antes y ahora. Intento recordar cómo era todo entonces -tú, yo, las novelas de ciencia ficción-, pero solo encuentro nieve en este canal. Sintonizar será mi nuevo pecado favorito. Pegarme un tiro entre las piernas mi plan. Simulacro y bienestar. Real. Intento acabar con esta sensación de que no hay futuro, pero es difícil. Inútil. Sin ti.