I want to believe

Un corazón sonrosado quiero cenar si mañana me voy a morir. Un corazón sonrosado quiero cenar si faltan cien años para el fin. Y dejar de gotear. Dejar de latir. Dejar de gritar. Hacia dentro. Entre tantas deudas mal enunciadas. Entre toda esta tristeza que no termina de irse por el desagüe. Pierna abajo viajan las cuentas que no cuadran, las tildes mal puestas, el dolor intermitente que, por mucho que rece, no cesa. 

Creo. En el presente que se desangra. En los labios que lo contienen. En este tic, tac que amaga con salirse de mi pecho de quinceañera.

Veo. Esa imagen rota, de ti, e imagino un mañana que nos sostenga. Tal vez. Que nos comprenda. Al fin. Que no se pierda entre todos estos eclipses traviesos, sangrantes; crueles y tiernos.

Pienso. En la posibilidad de una isla. En quererte hasta el hueso. En la realidad transitiva que es amar. A lo bestia. Sin piedad.

Siento. Que no hay futuro en este parque de atracciones. Que querer no es cambiar una montaña rusa por un ramo de flores. Muertas. Que el dolor que nos define poco tiene que ver con esta herida abierta de la que se alimentan carroñeros que no pueden -no quieren- esperar. A que nuestros cadáveres se descompongan. A que el recuerdo quede hecho cenizas. A que nos abrasemos en este rojo amanecer que amenaza con no acabar. Nunca. Nunca. Nunca. Jamás.