Resistencia
Aguantar, de puntillas, como cuando era bailarina. Los dedos se-pa-ra-dos. Las uñas pintadas -de rojo-. El nudo en la boca en el estómago. ¿Y la conciencia? Tranquila.
La reina de las nieves
Fría, pero con las mejillas sonrosadas. La reina de las nieves se deshace en lágrimas cuando dice la verdad. Se colorea la cara por las mañanas para disimular que tiene miedo, que siente pena, que la culpa es de los otros, que las otras no la quieren. Y se inyecta golosinas. Dulce en vena. Letras blandas. Como estrellas que tropiezan. Tocan tierra. Tocan fondo. Para escalar por sus piernas, trepar por sus brazos y formar constelaciones lunares cerca de sus labios. Este suelo que se abre. Traga, traga. Sin parar. No sostiene, no te espera. Drogas duras, muertes tristes. Una lágrima que rueda, carne abajo, hacia el escote. Blanco, grave, extraño... maternal.
Alicia
"Por qué habré llorado tanto" se pregunta la niña que, sin pudor, se mete en la boca hongos, orugas y pastas de té. Antes de que la hora cambie. Esta baraja no tiene suficientes corazones. Y mi reloj ha dejado de latir.
El silencio de los órganos
Dígame, doctor. ¿Qué tengo? Me duele la memoria que abrasa la carne. Los recuerdos caníbales que se ciñen a mi cintura y me doblan hasta besar el suelo. Noto entre los dedos las sonrisas falsas, sonrisas tristes, de todas las niñas. Y me acuerdo, doctor, de las manos de mi abuela, lentas pero precisas a la hora de enhebrar la aguja. ¿Qué tengo, doctor? No es nostalgia, sino vacío lo que me empuja a mirar al cielo y preguntarle si estoy enferma, si querer habitar el margen izquierdo de este espejo hecho pedazos es una patología grave. Mi corazón ladra. Mi vagina grita. Mis mil partes, que no son mías sino del chico de los análisis, se han puesto de acuerdo para reirse de todo. Y yo le pregunto, doctor, qué tengo que no puedo verme de una sola vez en su radiografía. Sepa que esta distancia formal provoca en mi grandes arcadas, que ese usted con el que usted me trata no me inspira ninguna confianza. Que no soy una muñeca hinchable a la que hacerle ojitos. ¿Qué tiene, doctor, entre las piernas para tratarme como si estuviera tarada? No me hable, por favor, como si me hubiera arrancado el alma hace algunos siglos y la hubiera dejado escondida en algún cajón de la memoria. Dime, doctor, dime. Son las ganas y el tiempo que se escurre entre mis pliegues. Son los deseos mal formulados y ese querer ser perra de su amo lo que me resta energía y tiempo. No lo has preguntado, pero esa es la razón -y no otra- de que todos mis órganos hayan decidido despertar de su letargo. Dime, doctor, dime: ¿Tú qué tienes?
Le dio miedo
escribir
como si no hubiera posibilidad de rewind
algo parecido a
huir
tal y como recomiendan
en todos esos anuncios
de viajes
low cost
el precio y el valor
the high cost of living, my dear
el alto coste de existir sin traductor
simultáneo
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Espéculo
Si me miro,
y no abandono,
veo a todas aquellas
a las que quise amar
porque se parecían a mí.
Narciso estaría orgulloso.
y no abandono,
veo a todas aquellas
a las que quise amar
porque se parecían a mí.
Narciso estaría orgulloso.
Tibia
Acercarme con caramelos en los bolsillos
para ti
porque sí
Apoyada junto a la puerta
con tu té
de limón
Triste y en voz baja
me dices que las asimetrías existen,
que sueñas, que esperas,
un milagro
y que esa camiseta roja
te queda mejor a ti
que a mi
para ti
porque sí
Apoyada junto a la puerta
con tu té
de limón
Triste y en voz baja
me dices que las asimetrías existen,
que sueñas, que esperas,
un milagro
y que esa camiseta roja
te queda mejor a ti
que a mi
Ficción/No ficción
"Dios no me mira, me muerde"
Amanda Durán
Amanda Durán
Qué me mientes, amor,
si solo soy carne derramada,
excusas baratas, sueños de saldo.
Pura baratija.
Sin tetas no hay recompensa.
Qué superhéroe querría a una asimétrica
amazona, dime. Quién querría muñecas
rotas, hinchadas, huecas.
Para jugar, solo para jugar, Peter Pan con canas.
En tus sueños solubles, con el desayuno en la mesa
y la televisión encendida, me molesto en llenarte los huecos
del crucigrama
con un poco de gracia
y mala hostia.
La perfecta ama de casa existe.
Es la porno chacha que espías desde tu ordenador,
la actriz caderona y quebradiza de ideas
que te recoge los calzoncillos por la mañana,
la adolescente con brakets
que te la chupa con cuidado los viernes
por la noche.
Qué quieres de mí, si no me quieres
contigo.
En la cama, en el rellano, en el coche de tu hermano
mayor.
Desgajada.
Puta lunática.
Te entierras dentro de mi carne virtual.
Duele. Solo tienes que darle al play
y mi pubis adolescente temblará
sobre tus retinas.
Achupé, achupé.
Sentadita estoy.
Sentadita me quedé.
*Podéis encontrar el collage que acompaña a este texto en Rantifuso 8
La paseante
A ella lo que le jode
es no poder quedarse
en ese banco
con su yogurt desnatado
entre las manos,
escuchando la conversación
de una pareja,
escuchando los comentarios
de un grupo de instituto
recomendándole a la única chica
del cuadrilátero
que bese con cariño
y devoción
al supuesto am(ad)o.
La lectora de tarot,
los camellos de la entrada,
los corredores de parque
que todavía no están en forma
-unos sí, este no-
pero que se compran las botas
a juego con la camiseta.
El teatrillo lo recuerda
más grande
más lejos.
Y debe ser porque los árboles están desnudos,
o porque la luz parece de viñeta desgastada,
o porque una chica pasea a su perro salchicha,
que se acuerda de su hermana.
En el lago la gente rema. El perro corre.
Ya no hay barco que entretenga a los niños de tres a doce. En la fuente dos sirenas posan
con turistas de extrarradio.
Ella, sola, en el teatrillo, espera
a que él llegue. Parece su camello,
parece su amante, parecen amigos.
Una triste oficinista que pasea.
Dice: "No soy ella". Y se vuelve a trabajar.
es no poder quedarse
en ese banco
con su yogurt desnatado
entre las manos,
escuchando la conversación
de una pareja,
escuchando los comentarios
de un grupo de instituto
recomendándole a la única chica
del cuadrilátero
que bese con cariño
y devoción
al supuesto am(ad)o.
La lectora de tarot,
los camellos de la entrada,
los corredores de parque
que todavía no están en forma
-unos sí, este no-
pero que se compran las botas
a juego con la camiseta.
El teatrillo lo recuerda
más grande
más lejos.
Y debe ser porque los árboles están desnudos,
o porque la luz parece de viñeta desgastada,
o porque una chica pasea a su perro salchicha,
que se acuerda de su hermana.
En el lago la gente rema. El perro corre.
Ya no hay barco que entretenga a los niños de tres a doce. En la fuente dos sirenas posan
con turistas de extrarradio.
Ella, sola, en el teatrillo, espera
a que él llegue. Parece su camello,
parece su amante, parecen amigos.
Una triste oficinista que pasea.
Dice: "No soy ella". Y se vuelve a trabajar.
Miércoles
Todas las mujeres con las que me he cruzado en el metro tienen tatuado el día de la semana en la comisura de sus labios. No hay antiarrugas que corrija tanta náusea mañanera, ni botas de marca de rebajas que ablanden -a lo Cortázar- el maldito asfalto.
Mala
no creo que sea
pérfida y malvada
solo mira por sí misma,
cree que hace lo correcto,
dice que lo hace
y no le gusta lo que dice que le gusta
lo saborea después,
cuando narra...
del relato extrae
satisfacción(!)
como un mal vicio
le sube por la espalda
y le arranca una sonrisa
de cuajo [como de miedo,
como de mala]
aunque ella dice
que hace todo
lo posible
por ser (resultar, parecer)
triste y aburrida
¿los restos?
palabras huecas
y buenos presagios
c
a
y
e
n
d
o
al/viniendo del
corazón in-far-ta-do
pérfida y malvada
solo mira por sí misma,
cree que hace lo correcto,
dice que lo hace
y no le gusta lo que dice que le gusta
lo saborea después,
cuando narra...
del relato extrae
satisfacción(!)
como un mal vicio
le sube por la espalda
y le arranca una sonrisa
de cuajo [como de miedo,
como de mala]
aunque ella dice
que hace todo
lo posible
por ser (resultar, parecer)
triste y aburrida
¿los restos?
palabras huecas
y buenos presagios
c
a
y
e
n
d
o
al/viniendo del
corazón in-far-ta-do
Maléfica(s)
Quiero brujas que me intriguen; que me lleven de paseo al Retiro y me enseñen sus tetas de kriptonita.
Juego de niñas
Tensa, erguida y sin querer
pero queriendo
desobedezco
meto mi lengua en tu boca
el dedo en la llaga
la carta en el buzón
mi mano entre las piernas
hace el resto
y solo cuando gritas
el nombre de la otra
siento ganas
de soplar
dentro de ti
para hacerte
estallar
como un globo
pero queriendo
desobedezco
meto mi lengua en tu boca
el dedo en la llaga
la carta en el buzón
mi mano entre las piernas
hace el resto
y solo cuando gritas
el nombre de la otra
siento ganas
de soplar
dentro de ti
para hacerte
estallar
como un globo
Si me das a elegir
Nunca una canción me hizo llorar tanto, tanto, tanto. No hay grandeza, ni gloria, ni destino. Te quiero es un eufemismo. Te quiero ha perdido el cielo. Te quiero baila drogada porque quiere olvidar: Sus brazos, esa mirada hambrienta, la presión en la boca del estómago. Y las ganas de escupir sobre tu cuerpo tirado en la cuneta. Las metáforas me han dejado de herir. Desde que me las coso a los párpados lo veo todo claro. Cristalino. En tecnicolor.
La chica más guapa del baile
I want to hold you close
Skin pressed against me tight
Lie still, and close your eyes girl
So lovely, it feels so right
La más guapa del baile,
con su jersey rojo
y las piernas sin depilar
- descalza - desierta -
no piensa,
ni sonríe,
ni folla,
como las demás.
Huele a sospecha
y glóbulos rotos.
Desnuda y sedienta.
Se quita el maquillaje
y grita. También llora.
¿Está loca de atar?
La más guapa del baile,
con el ánimo en rojo
y el miedo por las nubes,
traduce con los ojos vendados
e interpreta su papel
le recuerdan
[por detrás]
que debe ser/parecer
dócil, triste, herida
de muerte
por siempre sumisa,
tirante y teatral
como si escondiera
que está a punto
de reventar
Hard hard candy
Caperucita 2.0 se los come de dos en dos. Confunde y engulle. Lleva salsa teriyaki en la mochila. A modo de perfume. Para quererte mejor.
En la tienda no tienen del helado que me gusta
Necesito recambios.
No soy lo bastante feliz.
.
.
.
.
¿Sabes qué momento es ese en el que intuyes que la voz está doblada, pero no quieres mirar detrás de la cortina?
No soy lo bastante feliz.
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¿Sabes qué momento es ese en el que intuyes que la voz está doblada, pero no quieres mirar detrás de la cortina?
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